Ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes, exigentes o inciertas. Forma parte de nuestros mecanismos de protección y nos prepara para actuar frente al peligro o afrontar retos importantes.

Sin embargo, cuando aparece con demasiada frecuencia, intensidad o en momentos en los que no existe un peligro real, puede convertirse en una fuente de malestar. En esos casos, la ansiedad puede manifestarse a través de síntomas físicos como taquicardia, tensión muscular, dificultad para respirar o molestias digestivas, así como pensamientos negativos, preocupación constante, irritabilidad o sensación de pérdida de control.

Depresión

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que va más allá de sentirse triste de forma puntual. Se caracteriza por una sensación persistente de tristeza, vacío o apatía, acompañada de una pérdida de interés o motivación por actividades que antes resultaban agradables.

También puede manifestarse con cansancio, dificultad para concentrarse, cambios en el sueño o el apetito, baja autoestima, irritabilidad o sensación de desesperanza. En muchos casos, tareas cotidianas que antes eran sencillas pueden llegar a hacerse muy difíciles.

Aquello que se aprende, también puede cambiarse

La mayoría de nuestros bloqueos y problemas actuales son formas de pensar o reaccionar que aprendimos en el pasado para protegernos. La buena noticia es que no son fijos. En terapia trabajaremos junt@s para sustituir esos patrones que hoy te hacen daño por nuevas herramientas más sanas, útiles y adaptadas a tu presente.

Estrés

El estrés es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como exigentes, desafiantes o que requieren una adaptación rápida. En pequeñas dosis puede resultar útil, ya que nos activa y nos ayuda a responder ante responsabilidades o momentos importantes.

Sin embargo, cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo o supera nuestros recursos para afrontarlo, puede convertirse en una fuente de malestar físico y emocional. Es frecuente que aparezcan síntomas como tensión muscular, cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse, problemas de sueño o sensación de estar desbordado.

Autoestima

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos y la manera en la que nos percibimos, nos tratamos y nos relacionamos con nuestras capacidades y limitaciones. Influye directamente en cómo pensamos, sentimos y actuamos en el día a día.

Cuando la autoestima es saludable, nos permite confiar más en nosotros, poner límites, tomar decisiones con mayor seguridad y afrontar los errores sin destruirnos. Cuando está dañada, pueden aparecer inseguridad, necesidad constante de aprobación, miedo al rechazo, autocrítica excesiva o sensación de no ser suficiente.

Habilidades sociales y asertividad

Las habilidades sociales son el conjunto de capacidades que nos permiten relacionarnos de forma sana y eficaz con los demás. Incluyen comunicarnos con claridad, escuchar, expresar opiniones, resolver conflictos y crear relaciones equilibradas.

La asertividad es la habilidad de expresar lo que piensas, sientes o necesitas de manera clara y respetuosa, sin agresividad ni sumisión. Ser asertivo significa saber poner límites, decir “no” cuando es necesario y defender tus derechos respetando también los de los demás.

Cuando estas habilidades fallan, pueden aparecer dificultades para relacionarse, miedo al rechazo, conflictos frecuentes, ansiedad social o sensación de no ser comprendido.

Impulsividad-autocontrol

La impulsividad es la tendencia a actuar de forma rápida, sin pensar en las consecuencias o dejándose llevar por las emociones del momento. Puede aparecer en forma de respuestas bruscas, dificultad para esperar, compras impulsivas, discusiones, decisiones precipitadas o problemas para gestionar la frustración.

El autocontrol, en cambio, es la capacidad de regular pensamientos, emociones y conductas para responder de una manera más consciente y adecuada a cada situación.

Cuando existe dificultad en esta área, pueden aparecer conflictos personales, sensación de arrepentimiento, problemas en las relaciones o dificultad para mantener hábitos y objetivos.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es un problema psicológico caracterizado por la presencia de obsesiones y compulsiones que generan un gran malestar e interfieren en la vida diaria.

Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos repetitivos e involuntarios que aparecen de forma persistente y generan ansiedad, como miedo a la contaminación, dudas constantes o necesidad de que todo esté perfecto.

Las compulsiones son conductas o rituales que la persona realiza para reducir esa ansiedad, como comprobar, limpiar, ordenar, repetir acciones o buscar tranquilidad de forma constante.

Aunque quien lo padece suele reconocer que estos pensamientos o conductas son excesivos, resulta difícil detenerlos sin ayuda.

Trastorno Límite de la Personalidad (TLP)

El Trastorno Límite de la Personalidad es un trastorno que afecta principalmente a la forma en la que una persona experimenta y regula sus emociones, se relaciona con los demás y construye la imagen que tiene de sí misma.

Las personas con TLP suelen vivir las emociones con una intensidad muy elevada, lo que puede generar cambios bruscos en el estado de ánimo, dificultades en las relaciones personales, miedo al abandono o una sensación de inestabilidad que afecta a diferentes áreas de la vida. En algunos momentos, el sufrimiento puede ser tan intenso que la persona actúa de forma impulsiva para intentar aliviar ese malestar.

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